El mapa mundial del gas licuado se reordenó después del shock de 2022 y cada una de las grandes petroleras europeas viene posicionándose desde entonces en una carrera silenciosa por las cuencas que van a abastecer la próxima década.
Eni, el campeón italiano, eligió un esquema distinto al de Shell o BP: en lugar de recalibrar sus ambiciones de transición, sostuvo un modelo híbrido, financiado por el cash flow del upstream y una apuesta fuerte por el gas como combustible puente. Dentro de ese mapa, Argentina empezó a tallar con forma propia.
La confirmación llegó en dos movimientos casi consecutivos. El primero, el 4 de marzo, con el ingreso ante la Securities and Exchange Commission del Form 6-K correspondiente al cuarto trimestre y al ejercicio completo 2025, firmado por el directivo del board Giuseppe Zafarana.
El segundo, el 19 de marzo, con la Capital Markets Update en la que Claudio Descalzi y su equipo desplegaron el plan estratégico 2026-2030. En ambos documentos, el proyecto Argentina LNG ocupa un lugar que ya no admite lecturas ambiguas: es uno de los FIDs que la compañía espera aprobar este año, en sociedad con YPF y XRG, el brazo internacional de inversiones del grupo ADNOC.